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Simulador agropecuario FitoSim es un nuevo desarrollo informático que le ayudará al
productor agropecuario a predecir variables y así reducir el riesgo de
fracaso de un emprendimiento.
Este software creado por investigadores de la Universidad Nacional del
Litoral en Argentina (UNL) permite ensayar diferentes alternativas, como
cambiar la fecha de siembra, elegir otro cultivo o agregar más
fertilizantes, entre otras variantes con el fin de mejorar la
rentabilidad de una inversión.
http://www.fca.unl.edu.ar/agromatica/SoftFitoSim/Fitosim_V5.exe
http://www.fca.unl.edu.ar/agromatica/SoftAgrop.htm
Esta herramienta es en realidad un modelo de simulación del crecimiento
y desarrollo de cultivos que permite el procesamiento conjunto,
interactivo y dinámico de numerosas propiedades químicas y físicas entre
suelo y planta.
Es decir que a través de complejas expresiones matemáticas, el software
es capaz de interpretar relaciones entre variables y predecir qué
ocurriría en caso de ser modificadas.
El software es único en su tipo y además de predicir variables tiene un
rol clave a la hora de determinar el valor de un campo. Además, tal como
dio a conocer la casa de altos estudios, la disponibilidad de ese modelo
permitió también el desarrollo de otras herramientas tecnológicas:
índices para el diagnóstico de situaciones de degradación y la
evaluación de alternativas de conservación o recuperación del suelo.
“Esta tecnología es de las más avanzadas. Una de sus características más
importantes es que los modelos son adaptables a cualquier sitio, no sólo
a situaciones locales. La principal limitación es el acceso a los datos
necesarios para hacerlo funcionar”, manifestó el Ingeniero Miguel
Pilatti, investigador de la FCA y uno de los autores del desarrollo que
se encuentra disponible de forma gratuita en el sitio web de la
facultad.
Cómo funciona
El proceso comienza con la obtención de información básica de cultivos,
registros meteorológicos históricos y composición del suelo. La
información climática necesaria incluye mediciones de radiación solar,
temperatura, lluvia y velocidad del viento.
En cuanto al suelo, se requieren mediciones de componentes y propiedades
tradicionales (nitrógeno, fósforo, potasio, pH, salinidad) y otros más
complejos, como la estabilidad de agregados del suelo, la dinámica y
capacidad de retención de agua en el suelo, entre otros.
“Si bien mucha de esa información ya ha sido generada, no está
fácilmente disponible. Con esfuerzo pudimos crear una base de datos de
nuestra región y con ella trabajamos. Para reducir la cantidad de
mediciones necesarias, estamos desarrollando funciones de
edafotransferencia, es decir, averiguando cómo, a partir de ciertos
datos conocidos, pueden calcularse otros que no se tienen”, explicó
Pilatti.
Una vez que la información está cargada en el programa se lo hace
funcionar. Los resultados expresan la capacidad productiva y los riesgos
de producción de acuerdo con las condiciones planteadas. En caso de que
las conclusiones no fueran convincentes es posible probar alternativas
tecnológicas que estén al alcance del productor hasta encontrar la que
más lo satisfaga.
Otros usos
Más allá de su poder de predicción, el FitoSim mostró resultados que le
permitieron a Jorge de Orellana y su grupo desarrollar indicadores que
permiten evaluar la sostenibilidad de la capacidad productiva de un
suelo dependiendo de cómo fue manejado.
Se trata de los índices de “Producción Potencial” y de “Degradación del
suelo”. Mientras el primero determina el rendimiento que podría alcanzar
un cultivo si el suelo se aproximara a un suelo ideal, el otro compara
el rendimiento de un cultivo habitual en el estado en que se encuentra
el suelo en el momento del estudio, con el que tendría ese cultivo en el
mismo suelo si nunca hubiera sido cultivado.
De esta manera, la información que proveen estos indicadores permite
diagnosticar el estado del suelo y evaluar su desempeño, pudiendo
convertirse en una importante herramienta a la hora de tasar un campo.
En situaciones de compra-venta podrían tenerse en cuenta para establecer
el valor no sólo de la productividad natural del suelo sino también el
uso que se hizo de él y determinar si se degradó, mantuvo o mejoró con
respecto al suelo original.
También aparece una interesante alternativa de uso en los casos de
arrendamiento. La evaluación del campo permitiría establecer cuáles son
las condiciones en que se entrega el lote y -luego de un período mínimo
de 5 ó 6 años- compararla con las condiciones en que es devuelto,
expresado esto en valores de cosecha.
“Los procesos edáficos son lentos y por lo general muy difíciles de
revertir cuando se hacen mal las cosas. Por eso necesitábamos una
herramienta que nos permitiera adelantarnos a esos efectos y cuantificar
el impacto de lo que se hará sobre el suelo”, señaló el ingeniero Daniel
Grenón, otro de los integrantes del grupo.
Todos estos instrumentos fueron creados por un equipo de investigación
integrado por De Orellana y los ingenieros agrónomos Pilatti y Grenón,
quienes llevan más de 20 años indagando la problemática de la
agricultura sostenible. En los últimos tiempos se incorporaron al grupo
profesionales de otras áreas que complementan su enfoque
multidisciplinar. Sus investigaciones fueron financiadas por la UNL a
través de los Cursos de Acción para la Investigación y el Desarrollo
(CAI+D).
“No conocemos en la Argentina otros trabajos importantes en cuanto a
desarrollo de este tipo de modelos. Sí existen experiencias de usuarios
de modelos extranjeros. Pero esos modelos actúan como cajas negras: se
introducen datos y salen resultados; si éstos no coinciden con la
realidad, el modelo no sirve. La ventaja de haber desarrollado un modelo
propio es que, al conocer su mecanismo, es posible perfeccionarlo, e
identificar y corregir errores, lo que representa, además, una
oportunidad para seguir aprendiendo”, agregó.
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